He de gozar del último instante.
He de por y para siempre marcharme.
Es la única forma de no desfigurarme,
atrincherarme en un caparazón,
un escondite que se preste.
Prestado a la densidad de lo oculto,
destrezas cándidas en su vestido
reasgadas a cada segundo por alguien... distinto a ti.
Arrancadas por desconocidos y palabras.
Deshecas en hilos como huidas.
Mientras tú res el ayer y el dolor.
Ves caer, de tus manos, el tiempo,
aquellos besos y las suelas gastadas.
Y te dueles, siempre te dueles.
Te quejas por vicio, teatrero,
ignoro la hipocondría
de tus gemidos lástimeros...
